
Todas las derechas del mundo han creído siempre que la letra con sangre entra y que el endurecimiento de las penas y la multiplicación de los escarmientos es el camino más corto para hacer justicia. Llevan razón en que se trata del camino más corto, pero no en que lo sea para hacer justicia.
Rebajar desde los 14 a los 12 años la edad penal de los menores es el camino más corto para muchas cosas: es el camino más corto para obtener votos, para satisfacer instintos vengativos o para mitigar el desconcierto de los ciudadanos ante ciertos crímenes pavorosos. Es el camino más corto para extender entre el público la ilusión vana de que existen soluciones simples a problemas complejos. Y no existen tales soluciones: si existieran, seguro que se sabría.
Incluir en la ley la opción de que un niño de 12 años que ha cometido un crimen sea encarcelado no mejora una sociedad, sino que la envilece. Y ni siquiera es eficaz para combatir esa violencia: si un menor de 14 años comete un asesinato la razón principal para hacerlo no será nunca su certeza de que no irá a la cárcel. Nadie de buena fe puede creer tal cosa.
Lo que sí cree de buena fe mucha gente es que endurecer las penas es algo bueno y eficaz, algo que hará que este mundo funcione mejor. Sin duda, multiplicar los escarmientos es algo bueno, pero lo es únicamente para la parte más vil de nosotros mismos, para la parte que exige ciegamente el ojo por ojo y el diente por diente y que los exige no para impedir nuevos crímenes, sino simplemente para aplacar nuestro desconsuelo por los que se cometen sin que hayamos podido evitarlo. Endurecer las penas parece más eficaz, pero en realidad es sólo más egoísta. Nada más.
Antonio Avendaño, columnista de Público
No es novedosa la tendencia editorial de Público, y, por tanto, de sus columnistas. Sin embargo me parece sorprendente la poca consistencia de los argumentos expuestos en esta columna, que no sólo se basa en una generalización inadecuada al suponer a todas las derechas partidarias del endurecimiento y la penalización, sino que omite los claros casos en los que la izquierda también hace uso de este tipo de asuntos. ¿Ignoramos cómo se comporta el régimen comunista chino, como lo sucedido en la Plaza de Tian’anmen, su intento constante de censurar la conexión a Internet, la vigencia de la pena de muerte o las condenas por sexo? ¿Los constantes ataques a la libertad de expresión en Cuba o Venezuela? ¿El estado de los Derechos Humanos en Corea del Norte, donde los habitantes no pueden pensar por sí mismo y deben someterse completamente a su “comunista” “Líder”?
Le parece a usted que la medida esgrimida no es eficaz contra los crímenes. Permítame recordarle que uno de los fines de las penas es la disuasión, y si bien es cierto que un menor no tendrá como razón principal su impunidad penal para cometer un delito, en el caso de que se proponga cometer uno sabrá que haga lo que haga no le pasará nada, que no es imputable. Utiliza usted la buena fe para justificar su argumento… ¿Cree usted que alguien con buena fe puede creer lógico que una veintena de menores apalee a una señora de 43 años después de apedrear su casa “porque les dio la gana”, chuleándose de la condición de ser menor de edad?
El ojo por ojo y diente por diente no funciona en ningún tipo de Justicia de un país desarrollado. Si precisamente podemos denominarnos gente civilizada es porque no caemos en el ojo por ojo. A esos veinte muchachos que apalearon a la señora no les daríamos una paliza como escarmiento, sino que utilizaríamos las medidas tipificadas en el código penal. Su comparación con el ojo por ojo, diente por diente no tiene ningún sentido.
¿Ve usted lógico que esos chavales queden impunes tras causar daños físicos a una persona que no les hizo nada?
Esa es la justicia que tenemos en nuestro país. No es ojo por ojo, y lejos de sacar fuera la parte vil de la especie humana, lo que hace es castigar esos comportamientos completamente crueles. No es negativo, señor Avendaño, directamente es necesario.
El mismo día que su periódico publicaba su columna, también publicaba una interesante infografía sobre el aumento de delitos entre la población menor de edad. Sólo hace falta ver la estadística para darse cuenta de que la tendencia va en aumento y que nuestro sistema penal no está preparado para asumir situaciones tan increíbles como que un menor de edad mate o viole (56 casos en 2007) a otra persona. ¿Le parece a usted egoísta hacer que asuman lo que han realizado? ¿Le parece a usted correcto dejarlos en libertad, impunes, después de destrozar a una familia? Si alguien de 14 años, que sabe perfectamente lo que hace, puede quedar libre después de haber cometido un asesinato, ¿Por qué alguien de 18 años debe ir a la cárcel? ¿Tiene más responsabilidad en lo sucedido alguien de 18 años sobre alguien de 14? ¿No sabe un adolescente de 14 años lo que es asesinar a otra persona, arrancarle la vida?

Creo, señor Avendaño, que es usted partidario de aquella frase de Leire Pajín, esa que decía que “hay que legislar sin dejarse llevar por casos concretos”. El caso, si me permite que se lo diga, es que los delitos cometidos por menores no son casos concretos. No creo haga falta que mencionemos la violación y cruel asesinato de Sandra Palo en 2003 (cometido por un adulto y tres menores), la muerte de Maores a mano de dos menores en 2008, la violación de un grupo de 6 personas (4 de ellas menores) a una niña de 13 años y posterior chantaje con una grabación, la violación de una niña de 13 años con discapacidad mental por 7 personas (5 de ellas menores de 16 años), el asesinato y robo de un indigente en 2008 por un chaval de 17 años, la participación de un menor de edad en un tiroteo en Madrid que se saldó con la muerte de un chaval de su misma edad… Le diré más, señor Avendaño, le parecerá curioso (a la par que alarmante, espero) que a pesar de que los menores de edad son sólo el 7% de la población de España, el 20% de las violaciones y agresiones sexuales está cometido por menores de 18 años. De cada 5 violaciones, 1 es cometida por un menor de edad, según la ONG Save the Children. Si bien es correcto que la educación forma parte del paquete de medidas que se debería poner en marcha para revertir esta situación, eso no arregla nada después de que el delito se haya cometido.
¿Le parece a usted, después de esta cascada de datos, que los delitos cometidos por menores son casos “aislados” o “concretos”? ¿Se lo parecerá a Leire Pajín?