Aquel día

La memoria es algo curioso. No se sabe cómo funciona exactamente, por qué se puede ser capaz de olvidar hechos importantes a la vez que se recuerdan circunstancias insignificantes de nuestra vida, o por qué hay momentos en los que nos cuesta memorizar algo más que en otros. Lo que sí está claro es que hay momentos, esos en los que el mundo cambia, que se graban a fuego en tu cerebro sin importar su duración. Y que ese hecho es algo global y extendido.

Hoy, como todos sabemos, se cumple una década del atentado al World Trade Center. Un atentado que aún tiene luces y sombras, que aún tiene partidarios de la explicación oficial pero también de las diversas teorías conspiranoicas, algunas creíbles y otras extravagantes. Pero un atentado, al fin y al cabo, que ha quedado instalado en nuestra memoria hasta el punto de que prácticamente todo el mundo, por no decir el mundo entero, se acuerda de qué estaba haciendo entonces.

Hace 10 años recuerdo salir del colegio y llegar a casa. Extrañarme por que no hubiera nadie en la cocina, ni la comida hecha, y encontrar a toda mi familia en el sofá del salón, sin quitar ojo a la tele. Haberme sentado en el suelo, boquiabierto ante las imágenes de la Torre Norte que estaban emitiendo en Antena 3, y hablar con mis padres sobre si habría sido un accidente o algo intencionado. Y también recuerdo, como si hubiera sido ayer mismo, la voz de Matías Prats diciéndole a Ricardo Ortega “La otra torre, Ricardo, la otra torre” y el desconcierto que se notaba en la voz del fallecido corresponsal, que no había visto lo que nosotros sí desde nuestras casas: El ataque terrorista en directo.

Aquel día no se comió caliente en mi casa. Nadie quería despegarse del televisor para cocinar, así que nos hicimos algún tentempié frío para ir tirando durante la tarde. Dejamos de hacer caso a las noticias muchas horas más tarde, hacia las 20. Anonadados y mudos ante las dos facetas más extremas de la vida humana: La vileza y maldad de los terroristas y la bravura y coraje de los pasajeros del vuelo 93 de United Airlines, cuyos 40 pasajeros se unieron para evitar que los secuestradores suicidas consiguieran su objetivo.