
Este año uno de los culebrones políticos ha sido el de la energía en España. La decisión de Zapatero de cerrar la central de Santa María de Garoña en 2013 a pesar de la decisión a favor de la prórroga emitida por el Consejo de Seguridad Nuclear no ha contentado a nadie, pero ha abierto un intenso debate acerca de la conveniencia o no de clausurar centrales nucleares en nuestro país.
Garoña representa el 50% de la energía que se genera en Castilla y León y da trabajo a casi 1.000 personas, unas 700 de ellas de modo indirecto, lo que ha provocado que los pueblos y municipios cercanos se hayan manifestado contra la decisión de Moncloa de clausurar la central en lugar de otorgarle una renovación de licencia. Forma parte de un sistema eléctrico, el Español, que no está preparado aún para dar el salto a las renovables y que, según la Red Eléctrica de España, mantiene una dependencia de las centrales de carbón (altamente contaminantes) de 66.006 Gigawatios/hora.
Nuestra red eléctrica tiene un déficit energético mayor que el resto de la Unión Europea, con un grado de abastecimiento de un 22,1% a fecha de 2003, teniendo pues que adquirir un 77,9% de la energía a países extranjeros, lo que está causando un 40% del déficit comercial total de los pasados ocho años.
Es correcto, por supuesto, que el Ministerio de Industria facilite la progresiva evolución desde las centrales de combustibles fósiles a las centrales de energía renovables. Sin embargo, lo que no tiene sentido es que la transición comience con las centrales de energía nuclear, mucho menos contaminantes que las de ciclo combinado o las térmicas, por el miedo que la gente tiene a este tipo de centrales. La ponderación que el gobierno hace de la opinión pública y la opinión de los profesionales está clara: Prefieren el populismo a mantener una posición contraria a perjudicar el mercado eléctrico, ya suficientemente deficitario.
¿De dónde vendrá la energía que produce Garoña cuando esta falte? ¿Se habrá sustituido por completo la aportación de la central nuclear por otra equivalente generada por energías renovables? Echando un vistazo al calendario de implantación de energías renovables, ya confesado como imposible de cumplir, parece que la balanza comercial deberá sufrir aún más debido a un aumento de la cantidad de energía importada.
Todo el mundo prefiere una energía renovable a otra como la nuclear, pero mientras nuestro país no esté preparado para cambiar completamente la forma de originar energía, las centrales nucleares son una de las fuentes más fiables, seguras y menos contaminantes que existen.
Con una red eléctrica insuficiente y la gran dependencia del mercado exterior, que puede variar los precios de un día para otro dejando KO a la economía española, autolimitarse cerrando centrales nucleares no es para nada lo más inteligente.
La decisión más sabia hoy en día sería construir más centrales nucleares, eliminando aquellas más contaminantes para así poder cumplir el protocolo de Kyoto, pero la construcción de este tipo de energía no gusta a la gente de a pie.
Y ya sabemos cómo es este gobierno: Cualquier cosa impopular, por beneficiosa que sea, no le gusta nada, nada.