Simulador de ley electoral con método Hare

Llevaba buscando durante bastante tiempo un simulador decente del reparto de escaños mediante Hare con ningún resultado satisfactorio. Como parece que todos los simuladores que existen son para D’Hont y hoy en día la propuesta de sistemas alternativos como el citado Hare está de máxima actualidad he acabado por entretenerme un rato programando un simulador funcional.

A pesar de que faltan algunas cosas como el manejo de errores (que comprobaría si los datos son inválidos) o el establecimiento de una barrera de entrada (se puede salvar no introduciendo los datos de los partidos que han sacado un porcentaje menor a dicha barrera) el simulador debería funcionar perfectamente si todos los datos introducidos son correctos. Iré añadiendo funciones en versiones posteriores.

Simulador de reparto de escaños por método Hare

Cuando no hay argumento se recurre al insulto

Y a veces ese insulto denota una falta total de moral. Y me voy a contener porque hay pocas palabras que puedan definir un comportamiento tan asqueroso como este. Creo que todos pensamos en las mismas.


Sergio Sariego, Secretario de Organización, Comunicación y Acción electoral del PSOE-Sariego, Secretario de Organización y Acción Electoral en las JSCS, Secretario del Grupo Socialista de la Comarca de la Sidra.

En esto, no.

Siempre he defendido que formar parte de un partido político no debería anular la visión crítica de la actividad política. En mucha gente pasa: es recibir el carnet de afiliación por la puerta y que la autocrítica salga por la ventana. Es algo tan frecuente que, cuando a una persona no le sucede, se convierte automáticamente en alguien, digamos, digno de admirar.

Defendiendo esto, y por coherencia, no puedo cerrar los ojos cuando el partido en el que milito, UPyD, hace algo incorrecto. Hoy en rueda de prensa se ha anunciado que el partido recurrirá al diputado de Foro Asturias para formar Grupo Parlamentario. Es una decisión incorrecta debido a nuestras posturas anteriores, que echa por la borda todo lo que han, hemos dicho al respecto durante estos días y que hace explotar nuestra coherencia cuando en 2008 calificamos el mismo procedimiento de “chapuza.

Ante esto no me callo ni me convierto en un aparatchik que defiende a ultranza la posición del partido pese a que hace tres días defendía lo contrario. Lo digo alto y claro: No estoy en absoluto de acuerdo con la posición tomada. Las circunstancias eran extremadamente complejas y la recompensa por tener grupo propio muy jugosa. Bien, nadie dijo que esto fuera a ser fácil. La situación requería de una respuesta de altura, y creo que mi partido no ha dado la talla. Las circunstancias fueron autoimpuestas, despreciando desde el 20N hasta hoy la posibilidad de conseguir un Grupo mediante la asociación con un diputado. Entiendo que el mecanismo es legal y que las ventajas en presencia (tiempo, iniciativas) son cuantiosas, pero no se puede hacer algo que días antes has desechado.

PS. Mis disculpas a todos aquellos a los que, sin yo saberlo, mentí. Sostuve, firmando con mi propio nombre pero también en nombre del partido dentro de la responsabilidad que es mi competencia, que esto no sucedería. Y me siento en la obligación moral de rectificar. No fue mi intención.

Aquel día

La memoria es algo curioso. No se sabe cómo funciona exactamente, por qué se puede ser capaz de olvidar hechos importantes a la vez que se recuerdan circunstancias insignificantes de nuestra vida, o por qué hay momentos en los que nos cuesta memorizar algo más que en otros. Lo que sí está claro es que hay momentos, esos en los que el mundo cambia, que se graban a fuego en tu cerebro sin importar su duración. Y que ese hecho es algo global y extendido.

Hoy, como todos sabemos, se cumple una década del atentado al World Trade Center. Un atentado que aún tiene luces y sombras, que aún tiene partidarios de la explicación oficial pero también de las diversas teorías conspiranoicas, algunas creíbles y otras extravagantes. Pero un atentado, al fin y al cabo, que ha quedado instalado en nuestra memoria hasta el punto de que prácticamente todo el mundo, por no decir el mundo entero, se acuerda de qué estaba haciendo entonces.

Hace 10 años recuerdo salir del colegio y llegar a casa. Extrañarme por que no hubiera nadie en la cocina, ni la comida hecha, y encontrar a toda mi familia en el sofá del salón, sin quitar ojo a la tele. Haberme sentado en el suelo, boquiabierto ante las imágenes de la Torre Norte que estaban emitiendo en Antena 3, y hablar con mis padres sobre si habría sido un accidente o algo intencionado. Y también recuerdo, como si hubiera sido ayer mismo, la voz de Matías Prats diciéndole a Ricardo Ortega “La otra torre, Ricardo, la otra torre” y el desconcierto que se notaba en la voz del fallecido corresponsal, que no había visto lo que nosotros sí desde nuestras casas: El ataque terrorista en directo.

Aquel día no se comió caliente en mi casa. Nadie quería despegarse del televisor para cocinar, así que nos hicimos algún tentempié frío para ir tirando durante la tarde. Dejamos de hacer caso a las noticias muchas horas más tarde, hacia las 20. Anonadados y mudos ante las dos facetas más extremas de la vida humana: La vileza y maldad de los terroristas y la bravura y coraje de los pasajeros del vuelo 93 de United Airlines, cuyos 40 pasajeros se unieron para evitar que los secuestradores suicidas consiguieran su objetivo.