Saint-Mathieu

La Torre Eiffel. El Atomium. El Big Ben. El Empire State. La Plaza de San Marcos. Desde pequeños todos tenemos unos sitios a los que queremos ir al menos una vez en nuestra vida. En general son sitios muy marcados y famosos, esos que hacen que unas pocas ciudades compitan por los puestos de lugares más turísticos del mundo.

Sin embargo, y pese a que sin duda el buen sabor es intenso cuando visitas cualquiera de estos lugares a veces son otros los que más te sorprenden. Es lo que me pasó con la Punta de Saint-Mathieu, en el departamento francés de Finisterre: un precioso cabo bañado por las aguas del Mar de Iroise donde tuvo lugar en 1512 la Batalla de Saint-Mathieu y que en la actualidad cuenta con un faro en funcionamiento construido en 1835, las ruinas de una abadía benedictina, un monumento nacional a los caídos y búnkers alemanes de la Segunda Guerra Mundial. Un lugar que descubrí por accidente hace cosa de tres años buscando fondos de escritorio bonitos para mi viejo PC y que tuve la suerte de poder visitar pocos meses después durante unas vacaciones de Semana Santa.

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A la vuelta del EBE11

Hoy es 16 de noviembre. Han pasado tres días desde el fin del EBE, dos desde que dejé atrás Sevilla y apenas unas horas desde mi llegada a casa. Mucho tiempo ya para reflexionar sobre la nueva entrega de una de las citas más importantes del mundo 2.0 en Europa.

Que no se me malinterprete: Me ha encantado asistir un año más y no me arrepiento en absoluto de haberlo hecho. Sin embargo, en el balance general creo que pesan más en la zona positiva de la balanza las cosas que sucedieron fuera del EBE más que las que sucedieron dentro. Y es que hay algunos detalles que bajo mi punto de vista han empeorado de forma considerable con respecto a ediciones anteriores.

  • La conexión a Internet por medio de WiFi ha sido desastrosa. Funcionaba bien en ocasiones, sí, especialmente cuando los plenarios no estaban llenos de gente, pero en otros momentos era imposible establecer conexión. El momento charla de Pedro J. Ramírez fue unos de los instantes en los que el Plenario estaba a rebosar y era imposible navegar de una forma medianamente decente. Y sí, está muy bien que la gestión haya sido esta vez íntegra por parte de la Organización del EBE, pero es un motivo de orgullo si funciona, no si falla. Y ha fallado. Mucho.
  • La localización del evento ha en parte mejorado y en parte empeorado. Aunque sí es cierto que el pabellón era considerablemente más grande -o al menos lo parecía- que la zona útil del hotel Barceló Renacimiento también es verdad que quedaba mucho más a desmano (a unos 2km del hotel recomendado), en una zona sin prácticamente mantenimiento y que mostraba un aspecto deplorable… Vamos, que no es que dieran demasiadas ganas de asistir a las primeras ponencias del día nada más despertar. Y, sobre todo, que no tenía una zona habilitada para sentarte a charlar y tomar algo más allá que unas cuantas sillas y un par de mesas al lado de unas máquinas de vending, lo que nos lleva a bajo mi particular análisis al tercer problema principal:
  • La dispersión. El año pasado bajabas a la cafetería del hotel y te encontrabas a gente con la que charlar sobre las ponencias o sobre cualquier otra trivialidad, incluso ponentes a veces, por no hablar de aquella zona intermedia entre el Atrio 1 y la sala de convenciones, poblada de mesas, sillas y teles en las que podías tumbarte y hablar con un montón de gente. Este año al no existir esas zonas, el EBE ha sido quizá un poco más frío, menos dado al networking de antaño.

Pero no todo van a ser quejas, no. Un año más el punto fuerte ha sido, paradójicamente en un evento sobre tecnología, la gente que está detrás de ella. Desvirtualizaciones y reencuentros a lo largo de tres días que han hecho más llevaderas las largas caminatas y los taxis hacia las ponencias o hacia el centro de Sevilla, con el plato más esperado: La #mepartoparty que un año más fue para muchos de nosotros el núcleo principal del Evento.

Sería muy complicado citar a todo el mundo con el que he disfrutado este viaje, por ello, a todos los que saben que han estado ahí, gracias. Muchas gracias. De todas formas hay alguien a quien sí tengo que citar: @Brian_BK, que ha sido la persona con la que más tiempo hemos pasado y sin duda el gran descubrimiento: Un chaval excelente al que nos ha encantado conocer y al que esperamos ver pronto de nuevo.

Ha sido un EBE de cambios, de eso no hay duda. Ahora, la cuestión es si seguir por la línea iniciada es bueno o malo. Queda aún un año para pulir detalles y mejorar en lo que ha fallado.

Rumbo al EBE11

Cinco menos diez de la mañana. Atrás, horas de recoger la habitación y hacer la maleta. Por delante, una ducha, un desayuno, 6 horas de ALSA y 2 y media de AVE. Ese es mi balance situacional en estos momentos, y es que, un año más, tengo una cita en Sevilla: El Evento Blog España.

Este, según dicen, es el año de los cambios. No solo de compañía (Que en esta ocasión voy acompañado por alguien muy especial para mí) sino de espacio -Cambiamos del Barceló a un pabellón construído para la Expo del 92 y por tanto de hotel- y de precio, que, aunque nunca hace gracia pagar por un evento que antes era gratuito, no me cabe duda de que repercutirá en una mejora de la organización y en la calidad general del Evento.

Las ponencias, como siempre, tienen una pinta estupenda, aunque no es la única razón por la que ir cada año de peregrinación a Sevilla. Conocer a la gente con la que llevas hablando meses, quizá años a través de redes como Twitter o las sorpresas (por estrambóticas que sean) de algunos stands de las empresas participantes también son razones poderosas para acercarse a la capital andaluza.

Y ahora, con estas buenas expectativas, sólo hace falta esperar para que la ciudad nos acoja de nuevo, como siempre. No hay duda de que merecerá la pena.

…Y el EBE acabó

Haciendo la maleta a las 2 y cuarto de la madrugada para coger un vuelo a Asturias con escala en Barcelona. Así acaba uno de los mejores fines de semana que he pasado en los últimos tiempos.

Estos días de Evento Blog han sido una sucesión de momentos geniales y únicos. Desde los primeros descubrimientos (¡Coño, este hotel está en medio de la nada!), primeras desvirtualizaciones (@dlombardia, @Nebelang, @Paul_xl, @minipunk, @_Elu e @Ilovegeniuses) y primeras reflexiones del Jueves (¿En serio que los organizadores no se llevan una comisión de los taxistas? ¡Es que no hay nada cerca!) hasta el momento final de las despedidas, más triste y menos deseable, he estado rodeado de una gente 10 que no han hecho otra cosa que conseguir que esto sea algo memorable.

Atrás quedan todas las caravanas de taxis, las primeras ponencias y el ridículo que hicimos David y yo con los gorritos en la cabeza, la entrada triunfal de Elu en el hotel (“tío, que no tengo tu móvil” -a pesar de que se lo había dado unos días antes) y su sentido de la orientación, la  desvirtualización de Becky -que llegó a la habitación cargada con su pijama de El Principito mientras Elu se estaba duchando- y StBarry, los continuos bailes y las partidas en el stand de Kinnect (¡esos documentos gráficos acabarán saliendo a la luz!), el ataque de risa que padecimos Becky y yo en el 100 Montaditos a la hora de comer, la traición de Elu al mundo al declarar que no le gustaba su frappuccino, la subida masiva a esa habitación 1206 (atrio uno, segunda planta, habitación 6) para a continuación recorrer todo el pasillo a tope a bordo del deslizador que acabó levemente dañado tras perseguir a unas chicas con globos por el hotel, la risa maligna de Pablo mientras esperábamos las pizzas (desvirtualización de Littlepollo incluída)… y lo que fue sin duda ninguna el plato fuerte, el núcleo de nuestro EBE (nuestro porque cada uno vivió el suyo): La #MePartoParty, que ayudó sin duda a que todos nos soltáramos un poco más -los bailes de Mediotic y Madame Tafetán o los golpes de culo con Becky así lo demuestran- y nos hizo descubrir que Elu es más seco que un insecto palo :P

A partir de ahí, los adioses, el bajar de maletas por los ascensores y los “ya nos leemos”. El bajón, en definitiva, pero siempre con la perspectiva de que haber ido a Sevilla ha merecido la pena.

De verdad, sólo puedo decir gracias a todos. Por las sonrisas, por las bromas y por haber hecho que este evento haya sido, simplemente, magnífico.

Conociendo una ciudad a través de su metro

Una de las muchas cosas que mis padres no suelen entender es mi manía de visitar el metro siempre que llego a una ciudad que no conozco. Y, realmente, la explicación es muy sencilla: El metro de una ciudad nos indica cómo es la ciudad en sí.

stationlouvrerivoli-thumb Pondré dos ejemplos sencillos: El metro de París y el metro de Madrid.

El metro de París es gigantesco, enorme. 16 líneas, 14 de ellas principales y 2 secundarias, con enormes estaciones en las que se comunican cinco líneas, como en el caso de Châtelet-Les Halles o cuatro –creo recordar- como en Montparnasse-Bienvenue. Sin embargo, en Madrid encontramos un metro un poco más modesto, con 12 líneas convencionales con 12 líneas convencionales y una secundaria. (Es cierto que el Metro de Madrid es más largo en cuestión de cobertura kilométrica, pero en París debe contabilizarse también el RER, que se coge en la mayoría de las estaciones de Metro normales). Obviamente, la cobertura en cuanto a número de líneas está estrechamente relacionado con la cantidad de usuarios habituales, pese a que Madrid tiene casi un millón más de habitantes, París es el destino más turístico de todo el mundo, con 26 millones de turistas al año.

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